Lun. Abr 6th, 2026

El tropiezo de Zendaya ante los gigantes de la taquilla La impecable racha que Zendaya mantenía desde hace ocho años en la taquilla ha llegado a su fin. The Drama, la nueva película protagonizada por la estrella de Euphoria —ahora de 29 años— junto a Robert Pattinson, tuvo que conformarse con el tercer puesto durante su estreno en el fin de semana de Pascua. Esto supone la primera vez desde la cinta animada Smallfoot en 2018 que un largometraje de la actriz no asalta el número uno directamente tras su lanzamiento. Y es que venía de un recorrido envidiable: sus seis proyectos anteriores, desde las entregas de Spider-Man y Dune, pasando por Space Jam y Challengers, habían dominado la taquilla sin piedad en sus respectivos fines de semana de estreno.

Un panorama dominado por la animación y el espacio El responsable de frenar en seco a Zendaya ha sido el fontanero más famoso de los videojuegos. The Super Mario Galaxy Movie arrasó con la competencia, registrando el mejor viernes del año con 48,3 millones de dólares de recaudación a nivel nacional, para luego coronar los tres días festivos con unos masivos 130,9 millones. De hecho, la secuela animada ya apunta maneras para convertirse en la película de Hollywood más taquillera de este 2026. Al arrollador paso de Mario se le sumó el aguante de la odisea espacial de Ryan Gosling, Project Hail Mary, que se aferró al segundo puesto en su tercera semana en salas tras un potente estreno de 80,5 millones el mes pasado.

Pese a quedar relegada al bronce con 14,4 millones de dólares, la comedia negra de Kristoffer Borgli no ha funcionado nada mal para los estándares de la productora A24, superando incluso las cifras de su comedia romántica Materialists. Más allá de los números, The Drama está acaparando buena parte de la conversación cinéfila actual gracias a un polémico giro de guion que ya le valió unas cuantas condenas severas por parte de la crítica antes incluso de proyectarse en cines.

El auge del cine incómodo Esa misma voluntad de incomodar, de no acariciar el lomo del espectador y buscar la controversia, es precisamente lo que conecta el tropiezo de Zendaya con las otras rarezas que aterrizan en una cartelera saturada. Entre la avalancha de los trece estrenos que buscan rascar una micra de nuestra atención quemándose a lo bonzo, asoman dos disidencias formidables que piden a gritos un hueco mayor del que la industria parece dispuesta a darles.

Por un lado, el cine español nos deja Fin de fiesta, de Elena Manrique. Se trata de una comedia negrísima en la que Sonia Barba firma uno de los grandes personajes del año dando vida a una aristócrata andaluza que acoge, o tal vez secuestra, a un inmigrante senegalés. Su descaro salvaje dialoga de tú a tú con la otra gran propuesta arriesgada de la semana: A Different Man, del estadounidense Aaron Schimberg.

La vanidad engendra monstruos Presentada en Sundance, A Different Man llega avalada por el Globo de Oro a mejor actor para Sebastian Stan y una nominación al Oscar al mejor maquillaje para Mike Marino. La cinta funciona casi como el reverso retorcido, y honestamente bastante más lúcido, de La sustancia de Coralie Fargeat. Si en aquella veíamos a dos mujeres luchando a muerte por la eterna juventud, aquí nos encontramos con dos hombres unidos por el teatro y por la neurofibromatosis, la enfermedad que deforma sus rostros.

A través de su protagonista, Edward (Stan), la película lanza un dardo a la superficialidad contemporánea. Descubrimos de forma brutal que un bisturí no arregla las carencias internas; estrenar una cara bonita, paradójicamente, termina por arrastrar a Edward a una espiral destructiva de narcisismo, inseguridad y miseria vital absoluta. Como el que se pone pelo esperando que los folículos capilares le traigan la felicidad y se topa con un muro de realidad.

Un descenso a los infiernos de la mente Schimberg sabe muy bien qué teclas tocar, pues lleva años puliendo esta misma idea. Ya en su debut de 2014, Go Down Death, obligó al público a mirar de frente a la deformidad física mediante un ejercicio experimental muy deudor de Cabeza borradora de David Lynch. Más tarde, en Chained for Life (2018), exploró de nuevo las barreras emocionales de las apariencias emparejando a una actriz normativa con Adam Pearson, un actor que padece neurofibromatosis en la vida real y al que el público ya conocía por Under The Skin. Pearson vuelve ahora para acompañar a Sebastian Stan y Renate Reinsve en este tercer largometraje, que da el salto a un envoltorio más industrial sin perder un ápice de su rareza original.

Al final, A Different Man lo amalgama todo con una precisión descorazonadora. Hay un humor amargo que se te instala en el estómago provocando cierto remordimiento, pinceladas de terror psicológico obsesivo y el esqueleto de una historia de amor del todo imposible. El director ha logrado meter en una coctelera la desolación de Todd Solondz, aunque algo rebajada para los tiempos que corren, la paranoia vital de Charlie Kaufman y la autoflagelación de Woody Allen. El resultado final es un cóctel tan triste como divertido que te sacude con su gran paradoja existencial: la inagotable capacidad que tenemos como especie para sabotear nuestra propia felicidad.